| Artista a través de la piel
Luces Montoya descubrió en el material infinitas posibilidades
creativas.
Luces Montoya terminó diseño industrial en la Universidad
Pontificia Bolivariana. “...y fui de una generación
en la cual la facultad estaba como en una época de transición,
en que artistas como Luis Fernando Peláez y Hugo Zapata eran
profesores, y eso hacía que la carrera estuviera enfocada
más hacia la sensibilidad, no tanto al diseño”,
cuenta. Cuando estaba estudiando, comenzó a hacer objetos
personales en tela y cuero y eso se fue transformando en un negocio.
“Hacía billeteras de cuero y las pintaba con unos
paisajes surrealistas, para vender en almacenes. A través
de ese negocio hice otros trabajos que me llevaron a descubrir la
pintura en el cuero, a meterme por el lado artístico”.
A su paso por Medellín, Generación habló con
la artista sobre sus motivaciones y logros, su forma de trabajo
y la posibilidad de ver la muestra La piel tiene memoria en esta
ciudad.
Claudia Arias: ¿Cuál es el encanto que le
encuentra a trabajar con el cuero?
Luces Montoya: “Me he ido dejando seducir por la piel, porque
es un material maleable, un material que se deja trabajar, que posee
un lenguaje; descubrir las posibilidades de volumen que tiene, me
ha dado un gran impulso para seguir investigando. Es un material
que inicialmente es rígido, pero cuando lo mojas, te permite
transformarlo. Luego, al secarse, vuelve a ser rígido. Esa
posibilidad hace que puedas hacer lo que quieras con él sobre
cualquier superficie dura: el cuerpo humano u otros soportes. A
través de la piel he descubierto, me he hecho artista a través
de ella y personalmente también he descubierto una cantidad
de cosas, así que, con el mismo material haces un proceso
de crecimiento personal, con el arte...”
Hablemos del artista contemporáneo que se enfrenta
a técnicas complejas... ¿cómo es su proceso
con la piel, de dónde salen los materiales? ¿Cómo
los consigue en Barcelona y cómo llegó a vivir en
esta ciudad y abrirse camino?
“Yo sigo trabajando con piel de Colombia, todo lo que he hecho
en Barcelona, ha sido con cueros de acá, lo cual encuentro
hermoso. La piel de nuestro país tiene más historia,
tiene más cicatrices, tiene más señales, y
eso es una cosa que me interesa mucho en mi trabajo. La piel en
España es mucho más homogénea, la textura es
perfecta, es una selección uno A y yo no estoy buscando la
perfección. Es lindo. El hecho de estar trabajando con la
piel es muy simbólico, porque la piel es un continente del
cuerpo humano, es comunicación, es dar, entonces, si tiene
cicatrices, tiene señales, el trabajo se enriquece mucho
más. A mí me interesa que la piel tenga esa textura,
para que no parezca que es de papel, que se vea que es real. Ese
fue el primer problema con el que me encontré en Barcelona
a nivel técnico, descubrir que la piel allí no tenía
las características que a mí me interesaban y toda
la obra que he realizado allá está muy influenciada
por esa experiencia de salir del país, llegar a un territorio
nuevo, descubrir, hacerse reconocer, porque de alguna manera uno
está haciendo una conquista y eso ha salido de una manera
inconsciente en las obras Geografías y Hallazgos, está
todo ese sentimiento de estar descubriendo un territorio nuevo,
de formar parte de un lugar, de ser alguien allí”.
Como colombiana que ha visto una y otra vez la imagen de
los desaparecidos y los hallazgos de fosas comunes, las figuras
humanas enterradas que hacen parte de La piel tiene memoria, me
remiten a ese tema, aunque en ninguna parte de sus catálogos
o textos alusivos a su obra se dice que el asunto esté relacionado...
“Esa es una cosa que yo he visto cuando he llegado a Colombia,
que inmediatamente los colombianos tenemos una referencia de violencia
con esas figuras, y no es esa la motivación, porque esas
figuras nacieron en Barcelona. Para mí lo que representan
es un proceso de transformación del ser humano, todos estamos
envueltos en una serie de esquemas sociales, de miedos, de cosas
que van formando nuestro carácter y nuestra personalidad.
Entonces, hay personajes que están cubiertos, otros envueltos,
otros más que están atados... de alguna manera uno
se puede también atar con sus inseguridades, sus felicidades,
entonces también representan eso. Pero, insisto, para mí
lo que más representan es personajes que están en
proceso de transformación, hago de todas maneras una relación
simbólica con las crisálidas de las mariposas, que
también están en un proceso. Ya específicamente
con las figuras grandes que están enterradas, el proceso
de entierro es ese, porque la piel al estar en contacto con la tierra
se transforma, se vuelve ancestral. Fueron 15 días en que
éstas figuras estuvieron enterradas de pie, y es muy importante
que fuera de pie y no acostadas, porque no era un funeral, era un
rito, un performance sobre un proceso de transformación del
ser humano con la vida, y eso se representa con la piel”.
¿Cómo se entierran y cómo lucen después
de los 15 días?
“El pergamino sale perforado, empieza a deteriorarse. Ellas
entraron totalmente blancas, incluso un poco transparentes, y salieron
curtidas y desgastadas. Al terminar las figuras fui consciente de
que tienen una imagen fuerte, que me gusta, pero que a la vez son
frágiles, porque están vacías, y eso es algo
que me interesa mucho seguir trabajando: la fragilidad y la fortaleza
en el ser humano, que está representada especialmente con
la piel, es una cosa ancestral. También es importante el
hecho de que se enterraran en una montaña, en un volcán,
una imagen que se repite mucho en mi producción artística,
pues es como un lugar de búsqueda, de descubrimiento, muy
representativa cuando estás en una situación de irte
del país y conquistar un territorio nuevo. Es la montaña
como el símbolo de conquista”.
Cuéntenos sobre La piel tiene memoria.
“Esta exposición itinerante empezó en 2004 en
el Museo de la Piel de Vic, España, y luego pasó a
la galería Maddock ,de Barcelona. Este año estuvo
en Bélgica, Alemania y ahora, para terminar, está
en Holanda. Todo esto ha sido posible gracias al Ministerio de Relaciones
Exteriores de Colombia, al Museo de la Piel de Vic y a un gran amigo
belga, Armand Schumer, que se enamoró del trabajo”.
¿Veremos este trabajo en Colombia?
“Pues a mí sí me interesaría, lo que
pasa es que es muy costoso. Se trata de diez guacales que contienen
la totalidad de la obra y... ¿quién me va a financiar
eso? De todas maneras entré en contacto con varias entidades
para ver qué posibilidades se dan”.
¿Un tipo de obra como la suya puede lograr una mayor
interacción con el público que otras representaciones
más tradicionales como la pintura?
“Claro que sí, y para ilustrar eso traigo una anécdota.
Una de las primeras figuras humanas que hice fue llevada a una exposición
en un pueblo en los Pirineos, una pacífica aldea de 18 casas.
Éramos diez artistas e hicimos exposiciones durante un mes,
de obras que permanecían en el exterior. La figura de mi
autoría se puso como parte de una hilera de árboles,
en el espacio de uno que faltaba. El día de la inauguración,
la figura fue arrancada, pateada y acuchillada. Fue un chico de
15 años, ese día era de fiesta en el pueblo y la figura
era una mujer desnuda y sola en el exterior, entonces, en medio
de la parranda, el joven se ensañó con ella, lo cual
habla de un gran impacto. Es triste que lo que hubiera generado
fuera un acto de violencia, pero también uno en el fondo
dice: mira lo que la obra está comunicando, no pasa desapercibida.
Y en general, con el tipo de arte que hago, noto reacciones muy
diversas en la gente. El arte te remueve a ti, cosas que uno en
la vida está resolviendo, según el proceso personal
de cada cuál”.
Autora: Claudia Arias Villegas
Profesión: Periodista
Nacionalidad: Colombiana
Contexto
Aunque su profesión es el diseño industrial, su vocación
es el arte. Luces Montoya, artista antioqueña hoy radicada
en Barcelona, comenzó a experimentar con el cuero desde 1983,
pero es en 1989 cuando decide dedicarse definitivamente al arte
a partir de la experimentación con este material. Inicialmente
pintó sobre cuero, hizo alto-relieve, escultura de volumen,
de pared, y de ahí ha ido desarrollando su obra hacia el
objeto escultórico.
Antes de irse a Barcelona, Luces hizo una exposición individual
en el Consejo Británico, participó en el salón
Regional de Artistas y pasó al Nacional de 1998, todo con
obra en cuero, en esa ocasión fue un trabajo en el desierto
de La Candelaria con unas improntas. Pero, a la par que decidió
dejar el diseño por el arte, sintió que era tiempo
de buscar posibilidades creativas por fuera de su territorio, “...quería
salir, descubrir otras cosas, confrontarme, sacar mi trabajo y abrir
camino...”
Y sí que lo ha logrado. Tras varios años en Barcelona,
Luces alcanzó lo que no muchos: tener su exposición
La piel tiene memoria, itinerante en cuatro museos europeos, en
España, Bélgica, Alemania y Holanda, donde actualmente
termina el tour de la muestra. Una obra con fuerza visual y conceptual
que ya está en varias colecciones privadas y que en Colombia
apenas se conoce.
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